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domingo, 2 de febrero de 2014

El sillón del director


Hola a tod@s.Hoy les voy a mostrar el tapizado de un sillón de director.Que yo no sé si el interesado de esta empresa alemana de nombre innombrable era el director o no pero un poco de canguele sí que había entre las empleadas.Me pidieron por activa y por pasiva que si tenía que estar una semana más para que quedara bien,que así fuera.Aparte de que uno se pudiera ofender,a ver como le explico yo que la facturación es de cuatro horas y en el peor de los casos nos llevará todo el día.Y es que a veces un servicio rápido y eficaz puede llevar a la desconfianza,así que el silloncito se quedó unos días de más con nosotros.Que le vamos a hacer.De todas formas,llamamos sillón de director a la butaca de oficina con brazos y respaldo alto.


El cliente estaba contentísimo con su asiento,pues le había otorgado comodidad durante 22 años.Habiendo dejado el listón bien alto,nos dispusimos a restituirle las espumas y dotarle de nuevo traje de piel flor rectificada Europea.
Hay dos tipos de piel flor.La plena flor,que se usa para trabajos muy especiales dada su autenticidad y su elevado coste y la rectificada,previamente lijada y grabada,siendo la más común.


Empezamos por desmontar pies y brazos.


El asiento y el respaldo constan de piezas cosidas entre sí acolchadas con espuma de 2 cms.


Numeramos las piezas,cada una de forma y tamaño distinto y les damos un sentido para una vez cortadas mantener el orden.




Y las cosemos a las espumas que hemos cortado algo más grandes,con cuidado que no nos dominen la piel,dadas sus elasticidades distintas.


Una vez cosidas cortamos el sobrante de forma que no queden gruesos.



Y vamos empalmando piezas,guiados por la numeración y sentido que anteriormente hemos marcado.

Y el sol de la mañana ilumina la piel mostrando todo su esplendor.



Una vez tenemos los frentes de asiento y respaldo unidos hacemos lo propio con las platabandas de los laterales,que también tienen su forma y dirección.



Y las cosemos al plato respetando las marcas para que coincidan,normalmente las uniones,y no quede la piel entregirada,lo cual es muy fácil que te pase si empiezas a estirar más de un lado que de otro.


Encolamos la espuma con la que hemos acolchado la piel a la del armazón del sillón.


Para acabarla tapizando y dejándola lo más lisa posible.Aquí la zona de unión de asiento y respaldo aún arrruga un poco,debido a su forma cóncava y que el sillón no tiene pasatelas para poner un tirante.Aquí es cuando decimos que la arruga es bella.De todas formas esto se irá incrementando con el paso del tiempo,como ya le pasó y podemos ver en la primera foto.Lo que pasa es que ella es muy elegante,hasta para arrugarse.Y más esta piel que es más buena y más bonita que su predecesora.


Se me ha escapado la foto del contra del respaldo,que va en un trozo limpio de piel.


Y el remate en el contorno todo alrededor con una goma negra.


Y así se fue,lista para otros 20 años,o para jubilar a su beneficiario.



jueves, 26 de septiembre de 2013

Sólo los brazos, por favor...


Ella apareció por la puerta del taller levitando, balanceándose a uno y otro lado, y tras de sí apareció una esbelta silueta que escapaba poco a poco del contraluz, y ella descendía hasta tocar suelo, alzando sus brazos lastimados y pidiendo clemencia, con la aptitud de una criatura enferma acudiendo a la visita del doctor.
-¿Tiene solución?-preguntó su dueña.
-En la vida muchas cosas no la tienen- le contesté-pero en tapicería solemos decir siempre que sí.
Si tuviéramos un trozo de tela para arreglar esos brazos...
-La tenemos- y con una sonrisa sacó una bolsa con un retal.
-Ah, pues ya está. Será coser y cantar. El asiento parece estar más nuevo que el resto.¿que lleva cojín?
-Sí-asintió-pero lo dejé en casa.
Y yo refunfuñé, sin hacerme notar...





Repusimos la zona dañada con el paño nuevo de ropa.


Antes del verano le pedí al mecánico una patilla de doble vivo para la máquina, pero parece haberse olvidado. Para hacer el vivo doble, explico como lo hago con una patilla de vivo simple. A falta de pan buenas son tortas.

Para empezar cortamos una tira de unos cinco centímetros por el largo que queramos cubrir.
Le aplicamos un poco de cola y dejamos secar. Esto es para que no deshilache cuando la cortemos. Opcional pero recomendable para según que telas.


Aquí apreciamos que la patilla solo tiene hendidura para un cordón. Cosemos un vivo ...


...y luego el otro.



Y cortamos el sobrante, sin que suelte molestos hilos 



A continuación lo colocamos tapando las grapas del tapizado y grapamos entre los dos cordones.
También podemos usar silicona caliente o cola, pero entonces no nos cerrará.



Con un destornillador y un martillo hundimos bien las grapas.



Y con el martillo acabamos de cerrarlo bien.



La saqué a la calle, inclinándome hacia ella con el índice levantado.
-Que sea la última vez que vienes así. Al tapicero se viene uno con todo, ¡que me desluces el post, leches!
Ella no se inmutó. Parecía feliz.


Esta entrada participa en la cita de los jueves de Nika.






domingo, 22 de septiembre de 2013

El tresillo de algodón


En esta ocasión mostramos un antiguo tresillo, de aspecto valiente y corte elegante. Así llegó, trabajado aún a la vieja usanza, con todas las piezas cosidas a mano, clavado a gabarrotes, perfilado con tachas, con sus indestructibles muelles helicoidales en el asiento y los brazos, y rellenos de arpillera y crin.





*     *     *     *     *


Las patas también necesitaban un nuevo traje.
Hicimos tratamiento para la carcoma, lijado, tintado, barnizado...lo típico.






 *     *     *     *     *

Los asientos se cosen a mano para que al sentarse, cuando bajen los muelles, le acompañe la tela.




La tela es una delicia 100% algodón de Tapicerías Gancedo. Con un dibujo con relieve, como un gofrado. Y en un crudo que la hace más natural, más fresca, más liviana.



-¿Te he dicho que eres una preciosidad?-le susurré.
Ella calló, y se arrugó coquetamente, ruborizada...
-Eres como una nube...una nube de algodón...

*     *     *     *     *

sábado, 27 de abril de 2013

Isabelino, como el buen vino


Hola a tod@s. Hoy les vengo a mostrar una pieza de esas que recuerdan los orígenes, de donde venimos, como eran las cosas antes de que la tecnología cambiase el modo de hacer de prácticamente todo.
Y soltamos el acelerador de la máquina de coser, escondemos las espumas, las cinchas, la cola, toda esa química que se ha infiltrado en el día a día. Cogemos las agujas pinchadas en el saquito de la pared, sacamos de paseo los ovillos de cáñamo y pita, deshacemos alegremente el rollo de yute, y el olor a cuerda invade el aire, mientras uno se embriaga de sus aromas y matices.




Isabel se presentó sin avisar, bajando ágilmente de la furgoneta y plantándose frente a mí, casi sin darme tiempo de reacción. La observé, con asombro, y mis pupilas dibujaron las curvas imponentes de la caoba, que custodiaba ese bosque tejido que debía desaparecer.


Tras unos días por el taller, y a pesar de que no era su turno, decidí meterle mano. La verdad es que le tenía ganas y la impaciencia me pudo.
La curiosidad me aporreaba, quería ver que había más allá de esos pajaros que llevaban cantando tantas primaveras. Necesitaba valorarlo y saber a qué me enfrentaba.

*****

Pero la emoción se vino a menos al descubrir bajo el tapizado otra tela, y debajo otra...¡con la pasamanería y todo!

Aparte del trabajo extra y gratuito que supone el regalito que el simpático señor de la tela verde nos dejó con todo su cariño, me parece una falta de respeto hacia el mueble trabajar de esta manera. Y una falta de respeto al oficio, y a los que vienen detrás.






 Esa frontera entre el tejido y el barniz había sido violada y ninguneada...
¿ésto cómo lo arreglamos?¿con photoshop?




Visto esto, el sofá necesitaba una dosis extra de cariño.
Con su alma herida parecía estar gritando: Tapízame...


Y tiempo hubo para darle, ya que la tela de GP&J Baker tardó tres meses en llegar.
Vino para pasar las Navidades y se quedó el resto del invierno. Aunque por mí, se podría haber quedado para siempre. Cada mañana al pasar por delante Isabel me miraba, desnuda, con su alma herida y sus ojos esperanzados. Siempre obtenía la misma respuesta.
-Debes tener paciencia. Ya sabes, los ingleses van a su ritmo...
Como por su vejez había adquirido esa cualidad, esperó y obtuvo su premio, sabiendo que todo tiene su momento.

 *****

Y el suyo había llegado.






Las rayas vuelven a ser protagonistas, contrastando con sus líneas rectas, que visten un cuerpo carente de ellas. Creando un efecto de tensión, una batalla en la que las curvas consiguen doblegar y serpentear a las rayas. Y es que Isabel no es un mueble cualquiera. Tiene mucho carácter.








Se terminó con doble vivo a petición del cliente. Primero cosido, y luego grapado entre los dos cordones, para que quede cerrado.




*****

La furgoneta volvió a asomar por la puerta. Ella se subió, sin despedirse, y desapareció tras los portones tintados. Volví a entrar al taller. Parecía vacío, desdentado. Volví a sacar las espumas, las cinchas, la cola, y guardé las agujas en el saquito de la pared, mientras el olor de Isabel se iba desvaneciendo, y mi conciencia regresaba de un viaje al pasado...