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domingo, 22 de septiembre de 2013

El tresillo de algodón


En esta ocasión mostramos un antiguo tresillo, de aspecto valiente y corte elegante. Así llegó, trabajado aún a la vieja usanza, con todas las piezas cosidas a mano, clavado a gabarrotes, perfilado con tachas, con sus indestructibles muelles helicoidales en el asiento y los brazos, y rellenos de arpillera y crin.





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Las patas también necesitaban un nuevo traje.
Hicimos tratamiento para la carcoma, lijado, tintado, barnizado...lo típico.






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Los asientos se cosen a mano para que al sentarse, cuando bajen los muelles, le acompañe la tela.




La tela es una delicia 100% algodón de Tapicerías Gancedo. Con un dibujo con relieve, como un gofrado. Y en un crudo que la hace más natural, más fresca, más liviana.



-¿Te he dicho que eres una preciosidad?-le susurré.
Ella calló, y se arrugó coquetamente, ruborizada...
-Eres como una nube...una nube de algodón...

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sábado, 27 de abril de 2013

Isabelino, como el buen vino


Hola a tod@s. Hoy les vengo a mostrar una pieza de esas que recuerdan los orígenes, de donde venimos, como eran las cosas antes de que la tecnología cambiase el modo de hacer de prácticamente todo.
Y soltamos el acelerador de la máquina de coser, escondemos las espumas, las cinchas, la cola, toda esa química que se ha infiltrado en el día a día. Cogemos las agujas pinchadas en el saquito de la pared, sacamos de paseo los ovillos de cáñamo y pita, deshacemos alegremente el rollo de yute, y el olor a cuerda invade el aire, mientras uno se embriaga de sus aromas y matices.




Isabel se presentó sin avisar, bajando ágilmente de la furgoneta y plantándose frente a mí, casi sin darme tiempo de reacción. La observé, con asombro, y mis pupilas dibujaron las curvas imponentes de la caoba, que custodiaba ese bosque tejido que debía desaparecer.


Tras unos días por el taller, y a pesar de que no era su turno, decidí meterle mano. La verdad es que le tenía ganas y la impaciencia me pudo.
La curiosidad me aporreaba, quería ver que había más allá de esos pajaros que llevaban cantando tantas primaveras. Necesitaba valorarlo y saber a qué me enfrentaba.

*****

Pero la emoción se vino a menos al descubrir bajo el tapizado otra tela, y debajo otra...¡con la pasamanería y todo!

Aparte del trabajo extra y gratuito que supone el regalito que el simpático señor de la tela verde nos dejó con todo su cariño, me parece una falta de respeto hacia el mueble trabajar de esta manera. Y una falta de respeto al oficio, y a los que vienen detrás.






 Esa frontera entre el tejido y el barniz había sido violada y ninguneada...
¿ésto cómo lo arreglamos?¿con photoshop?




Visto esto, el sofá necesitaba una dosis extra de cariño.
Con su alma herida parecía estar gritando: Tapízame...


Y tiempo hubo para darle, ya que la tela de GP&J Baker tardó tres meses en llegar.
Vino para pasar las Navidades y se quedó el resto del invierno. Aunque por mí, se podría haber quedado para siempre. Cada mañana al pasar por delante Isabel me miraba, desnuda, con su alma herida y sus ojos esperanzados. Siempre obtenía la misma respuesta.
-Debes tener paciencia. Ya sabes, los ingleses van a su ritmo...
Como por su vejez había adquirido esa cualidad, esperó y obtuvo su premio, sabiendo que todo tiene su momento.

 *****

Y el suyo había llegado.






Las rayas vuelven a ser protagonistas, contrastando con sus líneas rectas, que visten un cuerpo carente de ellas. Creando un efecto de tensión, una batalla en la que las curvas consiguen doblegar y serpentear a las rayas. Y es que Isabel no es un mueble cualquiera. Tiene mucho carácter.








Se terminó con doble vivo a petición del cliente. Primero cosido, y luego grapado entre los dos cordones, para que quede cerrado.




*****

La furgoneta volvió a asomar por la puerta. Ella se subió, sin despedirse, y desapareció tras los portones tintados. Volví a entrar al taller. Parecía vacío, desdentado. Volví a sacar las espumas, las cinchas, la cola, y guardé las agujas en el saquito de la pared, mientras el olor de Isabel se iba desvaneciendo, y mi conciencia regresaba de un viaje al pasado...




















miércoles, 20 de marzo de 2013

El diván de Freud.

Hola. Ya me disculparán el populismo del título, pero esta pieza de principios de siglo como mínimo fue contemporánea a Sigmund Freud. Y quien sabe si testigo de alguna experimentación del psicoanálisis. Su actual dueña se dedica a la psicología, aunque ella es portuguesa. Así que parece que los primeros indicios no apuntan hacia mi teoría.
                    

Aunque si así fuera no le quitaría ni un ápice de elegancia ni belleza a este mueble, que dignificó el taller por unos días.







Al destapizarla descubrí la madera, y me recordó a esas sillas centenarias. Y pensé: Esto tiene más años que el chupete de la abuela. Ya veremos que nos encontramos...


Encolamos las patas y las maderas interiores rotas, y le aplicamos reparador al barnizado. Esto simplemente es un detalle, como cuando llevas el coche al mecánico y te lo devuelve aspirado.




Como me temía la arpillera estaba rota, deshecha, y quedaba muy poco para que la crin empezara a caer, muelles abajo. De hecho ya estaba ocurriendo. El atado superior necesitaba unos arreglos.
No había más remedio que intervenir, con una operación a muelle abierto.



Se cinchó con yute con su consecuente atado de muelles y se sustituyeron las cuerdas rotas o en mal estado.


El respaldo hubo que reconstruirlo entero.



Sobre la nueva arpillera se vuelve a colocar la coca, se ata el burlete, y abrimos la crin para que vuelva a quedar esponjosa.





En los acabados cambiamos el galón por un vivo, y la costura en la esquina por unos pliegues de corbata, que a mi entender le dan un valor añadido, un toque de distinción, como un detalle elegante que la hace más encantadora, si cabe.





Y tras regresarla a casa, la volvimos a colocar sobre el suelo blanco. María se sentó.

-¡Madre mía, qué diferencia!-espetó mientras rebotaba una y otra vez sobre los muelles recuperados.
-Y pensar que los querías cambiar por espuma...
-Tras exhalar aire con un ademán de alivio, ella sonrió....



























miércoles, 21 de noviembre de 2012

La Meridienne





La Meridienne recibe su nombre en 1765, bajo el final del reinado de Luis XV. La palabra viene del latino meridies (al mediodía), y de una palabra del viejo francés que significa siesta.




Se trata de una butaca de prominente cabecero, asiento largo y un solo brazo, también alargado. A veces brazo y respaldo se confunden, abrazando, para su gozo, al afortunado inquilino de esta encantadora pieza.





La meridienne, llamada duchesse cuando es partida, con reposapies, es una pieza con glamour, que invita a la fantasía.




La reina de las sobremesas de las clases pudientes del barroco disfrutaba de un magnífico asiento de muelles, encapitonado en terciopelo. Como la del cuadro de Manet. O se vestía de seda, y con sus formas voluptuosas se convertía en un claro ejemplo del rococó. Es curioso que tan hermoso mueble naciera en una época de hambruna, enfermedades y guerras. Cuanta más opulencia, más miseria. 
Pero dejemos a un lado la ética del momento, no tan distinto al actual. Impregnada de erotismo, la reina de las cabezadas diurnas parecía sugerir otras actividades más conscientes. Pero eso, claro, son sólo especulaciones mías.


Este mueble ha ido evolucionando a través de las épocas, acabando en la archimegaconocida chaiselongue actual. Aunque no tengo claro cuando hay una transición, o si llegaron a ser contemporáneas. Porque no soy ni historiador del arte, ni un entendido en la materia.





Como antecesores podemos nombrar la cama griega o el kline romano que formaba parte de los triclinium.


















Y es que esto de tumbarse a la bartola no lo ha inventado el hombre moderno. La diferencia respecto a otras épocas radica en que las clases obreras no tenían acceso a tales comodidades. De hecho nuestras propias abuelas se sentaban siempre sobre una silla de anea.Y aunque esta oportunidad histórica de confort pueda ser buena para el hombre, el mueble tapizado o sin tapizar, ha sido degradado hasta la saciedad. Las manos de artistas ebanistas y tapiceros, admirados y solicitados por todas las cortes, al servicio exclusivo de unos pocos, han acabado sirviendo a un pueblo llano, que con una grave falta de consciencia, cree que el agua brota de forma natural de sus grifos. Cuando uno no sabe valorar algo, quizás es que no merece tenerlo.

Todo esto que les cuento deben cogerlo con pinzas, ya que no soy el más apropiado para hablar de la historia del mueble.Solo soy un tapicero que intenta dignificar el ofício. Porque es tan rico, está tan lleno de detalles, alberga tal cantidad de sutiles cambios, y es capaz de crear tantas sensaciones, que comprender y dominar todas sus vertientes supondría tener que vivir tres vidas. Así que, más allá de los detalles históricos, les quería mostrar un ejemplo de lo que, a mi entender, es una pieza exquisita.
Un saludo a tod@s.






Fotos Guia esencial del tapizado y Wikipedia

sábado, 20 de octubre de 2012

Un sillón muy helicoidal



Esta es una pareja de orejeros. Aunque no sé porqué, documenté solo uno.
Pese a su mal estado, ya a primera vista se intuye que es un magnífico sillón.

Se calcula que puede estar rozando la friolera de 40 años. A falta de la prueba del carbono14, diríamos que estamos hablando de principios de los '70s. 



Y como testigo vivo de la forma de trabajar de antaño, este sillón presume de ser muelle y crin.
Arpillera, yute, gabarrote, madera, latón, algodón, terciopelo...

solo contaminado por esa espumita de 1cm utilizada para suavizar las formas.

Al destapizarlo, descubrimos que...

...posee muelles...

                                      

...en los brazos...







... muelles... 


...en el respaldo...



Y muelles en el asiento, por supuesto.

Estos helicoidales "extras" le proporcionan un confort muy especial.












Y una vez restaurado...


Está listo para volver a casa. Por muchos años más.